"QUE LA DESIGUALDAD EN LA CUNA NO SEA LA CUNA DE LAS DESIGUALDADES"

"QUE LA DESIGUALDAD EN LA CUNA NO SEA LA CUNA DE LAS DESIGUALDADES"
Pedro Soto

13.9.10



JEREZ: HACIA UNA CIUDAD INSOSTENIBLE

Según la anónima “Guía de Jerez para 1892”, Jerez tenía ese año de finales del siglo XIX una población de 61.708 habitantes, poseía 320 calles y 40 plazas, siendo la extensión del núcleo urbano del municipio de 200 hectáreas (2 Kilómetros cuadrados), incluyendo el gran cinturón bodeguero y sin incluir las pedanías. Según nos aclara Rosalía González Rodríguez y otros en la “Carta arqueológica municipal”, en 2008, año de publicación de parte del trabajo (Jerez.1: El núcleo urbano), el conjunto edificado del Jerez urbano ocupaba 64 kilómetros cuadrados (6.400 hectáreas), siendo su término municipal –uno de los mayores de España- de 1.188 kilómetros cuadrados. Todo ello para una población que supera en algo los 200.000 habitantes, incluyendo las pedanías.

Según estos datos, Jerez en 116 años habría multiplicado por 32 su superficie construida y habitada, fenómeno desproporcionado que, dentro del ámbito europeo, sólo ha tenido lugar en otros municipios de España. La misma Carta arqueológica coordinada por Rosalía González nos aclara que la ciudad medieval amurallada del siglo XII poseía 52,8 hectáreas (0,52 kilómetros cuadrados), multiplicándose la edificación por 3 en 700 años (hasta el siglo XIX) y por 123 teniendo ya en cuenta el siglo XX. Es más, a comienzos de la democracia, ya iniciado el desarrollismo urbano franquista de los años 60, Jerez no llegaba a los 8 kilómetros cuadrados, habiendo crecido 8 veces más en tan sólo los 25 años que llevamos de democracia.

Sin duda, sólo la especulación urbanística puede explicar este hecho, difícilmente comprensible desde la racionalidad. Jerez tenía ya tradicionalmente una situación muy particular, al tratarse de una urbe con un amplio término municipal. Ello incluía una gran población rural diseminada en pedanías, aldeas, caseríos, etc., a cuyos habitantes había que dotar de servicios eficaces similares a los que recibían los ciudadanos del núcleo urbano. Precisamente, la carencia de servicios básicos en los centros rurales provocó procesos separadores como la municipalidad autónoma de San José del Valle en 1995. Las quejas continuas de carencia de servicios sigue hoy día alimentando sentimientos similares en las actuales pedanías (ELAs). Quejas más que razonables y que deberían conducir con lógica a la gestión propia y autónoma de algunos más de estos núcleos rurales.

A esta complejidad tradicional, Jerez ha sumado en sus últimos 25 años su transformación en una ciudad inmensa, teniendo el municipio la obligación de dotar de servicios básicos a una población muy extendida en superficie. A esto hay que sumar una planificación excesivamente horizontal de las edificaciones, sólo explicable desde un punto de vista de falta de previsión de futura dotación de servicios públicos.

El resultado es obvio: Jerez se ha convertido en una ciudad insostenible. El esfuerzo que debe hacer la ciudad es inmenso para dotar a los ciudadanos de una eficaz recogida de basuras (la ciudad está cada vez más sucia), para velar por la seguridad en sus calles, el gasto continuo y cada vez mayor en alumbrado, en mantenimiento de arbolado, parques y jardines, en asfaltado y reparación de aceras, dificultad en el reparto del correo, etc. Difícil es que un chico de secundaria tenga un centro escolar a menos de 15 minutos andando de donde habita o que para muchos haya un centro médico cercano. Diseñar una red de transportes públicos es sumamente complicado en la mega Jerez actual, pues siempre hay quien se perjudica al ser las distancias tan excesivamente largas, lo que conlleva la dependencia del automóvil y el aumento del tráfico privado y de los atascos. Éstos son sólo algunos ejemplos de los problemas que origina esta macrociudad en que se ha convertido Jerez.

Pero, sin duda, el gran perjudicado ha sido el casco histórico, cuyo alto grado de abandono sigue en aumento. Un centro histórico, en su mayoría edificaciones del siglo XIX, que se desmorona. Un centro histórico deshabitado y muy difícil de repoblar, compuesto de un caserío que necesita costosas reparaciones y cuyos dueños, o carecen de medios económicos o simplemente no están dispuestos a afrontar los altos costes de su reparación. Un centro histórico que pretendemos que sea el motor del turismo que viene a la ciudad y cuyo estado de abandono espanta a cualquiera. El Jerez histórico ha sucumbido ante la urbe megalómana del superdesarrollismo especulador de nuestros días. No ha podido competir con la nueva macrociudad. Está en peligro de extinción.

El nuevo Jerez ha arruinado también a su Ayuntamiento, que debe afrontar unos gastos de mantenimiento inasumibles para unos ciudadanos que pagan cada vez mayores impuestos. Un Ayuntamiento que se ha financiado con la especulación, con la venta continua de suelo edificable, permitiendo el derribo continuo de las singulares bodegas, aumentando sin fin (ahí está el nuevo PGOU) las edificaciones y que ahora debe asumir la dotación de servicios básicos para todos los que habitan esta ciudad mal planificada. Además, se calcula que Jerez posee un parque de viviendas vacías superior al 15%. Viviendas compradas con simples fines especulativos, lo que hace aún más incomprensible el reciente fenómeno de expansión urbana.

En mi opinión, Jerez, urbanísticamente, debe dejar de mirar hacia fuera y mirar más hacia dentro. Lo construido va a necesitar de un gran esfuerzo para mantenerlo. Hacer una ciudad más habitable - no más grande- es el nuevo reto. La especulación del ladrillo, que ha arruinado a España, a sus instituciones y a sus habitantes, debe dejar paso a una racionalidad urbanística conservadora de todo lo que ya está hecho. Habrá que seguir trabajando muy duro para dotar a los ciudadanos de esta mega Jerez de los servicios básicos que se necesitan sin seguir arruinando a su Ayuntamiento. En principio, los ciudadanos debemos ser conscientes de que la ambición de muchos y la especulación urbanística consentida por el propio municipio para su puntual financiación, nos ha llevado a que vivamos en una ciudad difícilmente sostenible.



Jesús Caballero Ragel

Profesor de Secundaria e Historiador.

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